Juan Carlos Zorzi

(11-11-1935 – 21-8-1999)

Compositor y director de orquesta argentino, nació y falleció en Buenos Aires.

Estudió en los conservatorios Municipal y Nacional de su ciudad natal. Fueron allí sus maestros Gilardo Gilardi, Alberto Ginastera, Floro M. Ugarte y Juan F. Giacobbe, entre otros. Paralelamente cursó dirección en la Universidad de La Plata con el maestro Mariano Drago. Completó su formación con los maestros Erwin Leutcher y Teodoro Fuchs.

Becario del Fondo Nacional de las Artes, cursó composición en la Academia de Santa Cecilia de Roma, con el maestro Franco Ferrara. Ha sido Director Titular de las orquestas sinfónicas de las universidades de Cuyo y Tucumán, de la Sinfónica Nacional y de la Filarmónica de Chile, Director Residente de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario y Director Artístico del Teatro Argentino de La Plata. En su carácter de director y compositor se ha presentado en los Estados Unidos, Europa y América Latina.

Como compositor ha merecido el Primer Premio de la Municipalidad de Buenos Aires, el del Fondo Nacional de las Artes, el del Instituto de Bellas Artes de Venezuela, el de SADAIC y el Premio Nacional de Música. Fue nombrado Caballero de la República de Italia y Premio Villa-Lobos de Brasil.

Entre su producción se cuentan “Sonata para violín y piano”, “Quinteto para piano y arcos”, “Tres piezas para cuarteto de arcos”, “Adagio Elegíaco” (en memoria de Gilardo Gilardi), “Danza para ahuyentar la pena” (ballet), “Variaciones enigmáticas”, “Requiem para Camila”, “Concierto para guitarra y orquesta”, y sus óperas “El timbre”, “Antígona Vélez” y “Don Juan” (estas dos últimas basadas en los textos del escritor argentino Leopoldo Marechal).

Entre sus proyectos estaba llevar al escenario del Teatro Colón, en versión ópera, la novela “Adán Buenosayres” del citado Marechal.

—♦—

Fragmento de un comentario publicado en el programa de “Don Juan”, Teatro Colón, noviembre 1º de 1998. Zorzi expresa su convencimiento de que “el texto es el fundamento de la obra y no un simple pretexto: me he esforzado para que las voces se manejen en tesituras normales, salvo en los lugares en los cuales evidentemente es necesario que se llegue al límite del registro”. En cuanto a la orquesta, a la cual Zorzi otorga protagonismo excluyente sólo en escasos momentos, como en el comienzo del tercer acto, el de la salamanca, para la que pide una expresión “salvaje”, en general recurre a ella de manera esquemática, “para dejar -aclara- que sea la expresión de la palabra la que traduzca este encuentro entre un hombre que ha vivido demasiado y una mujer (Inés) que no ha vivido nada. La recurrencia a especies folklóricas argentinas se le presenta a Zorzi como una natural exigencia tanto del planteo dramático de Marechal como de su propia convicción en cuanto compositor argentino. El músico aclara que su intención no es la de recrear especies documentales, sino la de inventar sobre las sugerencias de ese patrimonio tradicional popular. De tal manera pueden descubrirse facilmente, entre otras especies, aires de zamba, de chamamé, de milonga o el típico ritmo de malambo. Inclusive Zorzi juega por momentos con el acorde formado por las cuerdas de la guitarra, instrumento que tiene participación en la ópera, así como el bombo indio. De todas maneras esas alusiones no abarcan la totalidad de la obra sino que el compositor las utiliza en circunstancias precisas. Juan Carlos Zorzi está convencido de que en determinados momentos de la obra, especialmente en las arias, no podría haber utilizado otro lenguaje que el tonal, entre otras razones porque considera que “el canto es para la melodía” y él “adora la melodía”. El autor aclara, asimismo, que cuando necesita un idioma que no sea el tonal, porque así lo exigen los requerimientos dramáticos, acude a su “propio lenguaje”, que define como una técnica de los “espejos interválicos”. Observando la partitura es fácil advertir, en efecto, que Zorzi trabaja con ejes acórdicos, es decir, un acorde como eje en disposición espejada. Tambien agrega el autor que su sistema es exclusivamente armónico, lo que le permite una libertad melódica total, que no lo ata como podría condicionarlo, en cambio, el uso del serialismo dodecafónico. En la escena final, en la que el coro de niños, que representan a los ángeles, vocaliza acompañando el canto del espíritu de Inés, Zorzi refirma su confianza en la tonalidad, en este caso de La mayor.

Libretista: Javier Collazo.

Escenografía: Guillermo de la Torre.

Figurinista: Roque Palma.

Régisseur: Eduardo Rodríguez Arguibel

Algunos intérpretes: Tenor Carlos Bengolea: Don Juan.

Soprano María Rosa Farré: Inés.

Soprano Irene Burt: Aymé.

Barítono Víctor Torres: Don Luis.