"LABERINTO DE AMOR"
Primera Edición, 1936, Editorial Sur
Libro
dedicado a su esposa María Zoraida Barreiro de Marechal
(foto), con este trabajo y "Cinco Poemas Australes" se hizo
merecedor del Tercer Premio Nacional de
Poesía.
Homenaje a la mujer que acompañó a Leopoldo Marechal
durante la gestación de su novela
fundacional
María Zoraida
Barreiro nace en Vigo, en la calle Duhay, el 8 de enero de
1907. Sus padres son Romeo Barreiro, malagueño, y Enriqueta
Perinette, gallega (actualmente la documentación en
Argentina dice Perina). Su padre, herrero artístico,
fallece cuando tiene dos años y su madre viaja sola a
Argentina porque no acepta casarse con un hermano de su
esposo muerto. Antes de desembarcar conoce a José Restanio,
inspector, que controla las condiciones de los buques y los
pasajeros que llegan a Buenos Aires. Enriqueta se desempeña
como modista y al casarse con José envían por María Zoraida
que llega a Bs As, en 1911, con 4 años de edad. Ningún
familiar la acompaña en tan largo viaje. Su padrasto la
quiere como a una hija y le brinda una buena educación.
Estudia en el Normal Nº 5, se recibe en 1926 y
posteriormente estudia en el Instituto del Profesorado,
donde obtiene su título de Profesora de Letras, en 1929.
Conoce
a Leopoldo Marechal al poco tiempo de haber regresado éste
de su segundo viaje a Europa,en 1931. María Zoraida tiene
que preparar un trabajo sobre un escultor y un escritor
argentinos y elige a José Fioravanti y a Leopoldo. Primero
visita al escultor y éste le pregunta que escritor
entrevistará. Al enterarse que se trata de su amigo corre a
decirle que una hermosa joven, talentosa, de grandes ojos y
tez cetrina lo verá proximamente. Zoraida y Leopoldo se
enamoran, comparten ideas y sentimientos. Juntos van todos
los domingos a misa, a la Iglesia Nuestra Señora de los
Buenos Aires, donde se casan el 8 de enero de 1934. La
pareja suele veranear en Piriápolis, Uruguay. Viajan a
Córdoba a visitar a Francisco Luis Bernárdez, hermano en el
afecto de Leopoldo, cuando éste se radica en La Calera para
curarse una dolencia. Ambos trabajan en la docencia y
luchan arduamente. En 1941, después del nacimiento de María
de los Ángeles y tras obtener Leopoldo el Primer Premio
Nacional de Poesía el matrimonio resuelve mudarse a
Adrogué, en la provincia de Buenos Aires. Nace María
Magdalena. Dos años más tarde y por motivos del trabajo de
ambos deciden vivir nuevamente en el centro. Alquilan un
departamento en la calle Rivadavia al 2300 que María
Zoraida y Leopoldo decoran con cuadros y esculturas
obsequiados al matrimonio por artistas amigos: Pissarro,
Guido, Morera, Badi, etc destacándose el busto de Marechal,
escultura en bronce, realizada por José Fioravanti. El
matrimonio Marechal recibe, en forma permanente, a
familiares y amigos comunes. La bonanza se trunca cuando un
diagnóstico señala una cruel enfermedad en María Zoraida.
No obstante y, a pesar de haber sido operada, acompaña a su
esposo y sigue trabajando hasta pocos meses antes de su
muerte. Familiares de José Fahey, radicados en Maipú,
provincia de Buenos Aires, "José del sur" al que dedica
Leopoldo Marechal el poema "Envío" nos han contado que
María Zoraida les hablaba con amor a sus pequeñas sobre su
próximo alejamiento, sobre la fortaleza y su amor hacia
ellas; aún sabiendo que las mismas poco podrían comprender
al respecto. El 8 de junio de 1947, en plena juventud,
fallece.
María de los Ángeles Marechal
TESTIMONIO
La presentación
oficial de María Zoraida a la familia Marechal fue todo un
acontecimiento. La esperábamos todos: abuela Lorenza, mi
tío Alberto, papá (Antonio Ardissono), mamá (Hortensia
Marechal) y algunos primos en la gran sala de la casa.
Cuando llegó a nuestra casa, en Monte Egmont 280 (hoy Tres
Arroyos), junto a Leopoldo y su madre, a mis curiosos diez
años le encantaron sus ojos tan hermosos, su simpatía y su
elegante casaca escocesa con mangas "jambon" según la moda.
Luego, despues de tratarnos con frecuencia e intimar fui
testigo de su espíritu juguetón (mi tío Leopoldo le decía
que, debido a una infancia azarosa, disfruta de adulta los
placeres infantiles): le gusta hamacarse en las plazas,
jugar en la playa y ver conmigo, en el viejo cine "Río de
la Plata" cercano a la casa familiar, las películas de
Shirley Temple. Disfruté las fiestas familiares, la
celebración de sus aniversarios de casados. Recuerdo
especialmente el primero, en el departamento de la calle
México. Estaban Morera y Pissarro,entre otros amigos. Era
una noche de calor y al llegar a cierta hora todos subimos
a la terraza del edificio, se puso música y Zoraida bailó
con su madre distintas jotas. Gracia, fuego, dulzura y
encanto la acompañaban siempre. A sus niñas las cuidó y
atendió siempre celosamente: hasta el punto que, a pesar de
tener en casa ayuda para las tareas domésticas, cuando
debía dejarlas, por motivos de trabajo, las traía a la
calle Paso donde mamá, abuela o yo las vigilábamos hasta su
regreso. Ni siquiera la enfermedad venció su espíritu;
luchó con todas sus fuerzas para imponerse a ella y a los
terribles dolores que le acarreaba y, hasta que ésta la
abatió, siguió su vida normal, trabajó, concurrió a
espectáculos y , sabiendo que le quedaba poco tiempo de
vida, obtuvo una licencia especial para que María de los
Ángeles, su hija mayor, pudiera tomar la comunión, a pesar
de su corta edad, y ella poder estar presente junto a
Leopoldo y la pequeña Malena. Hoy, despues de tantos años,
al recordarla la veo tejiendo los ajuares para sus niñas,
acompañando a mi tío Leopoldo, muy bonita, a una velada en
el teatro Colón o caminando bajo la lluvia, durante un
veraneo en La Falda, Córdoba, para conseguir en el pueblo
leche pasteurizada para sus nenas, por temor a que la del
hotel no fuera suficientemente buena. No sé si esta
evocación le hace justicia. Pero intento en ella destacar
por sobre cualidades de inteligencia y cultura, que
indudablemente poseía, su calidez de ser
humano.
Elsa Ardissono
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